Dar un premio es complicado. Conseguir la objetividad necesaria, abarcar todo, valorar algunos puntos que necesariamente puedan pasar por la subjetividad, tener en cuenta muchas de las circunstancias y terminar con la sensación de que aunque tenga que haber un ganador, muchos otros podrían haber alcanzado ese puesto perfectamente. A esto se junta el sabor de que hagas lo que hagas, siempre tendrás detractores. Por ello, nosotros no queremos entrar a valorar si un premio es merecido o no, porque entre otras cosas, tendríamos que haber jugado a muchos otros para estar capacitados para dar un solo trocito de opinión.
